¿El fin de una era en Avellaneda? Entre el orden extremo y un centro textil que se apaga
Si caminás hoy por la Avenida Avellaneda, en el corazón de Flores, la sensación es agridulce. Para los que venimos siguiendo el pulso del centro textil mayorista más grande del país, lo que está pasando en este inicio de 2026 marca un antes y un después. Ya no es solo "la crisis de siempre"; es un cambio estructural que está transformando la forma en que compramos y vendemos.
Una mirada atrás: Cuando el sol no salía y la calle ya explotaba
Mientras caminaba el otro día por plaza Velez Sarfield, no pude evitar recordar cómo era todo hace unos 20 años. En aquel entonces, yo era empleado y me tocaba abrir la galería bien temprano, tipo 5 o 6 de la mañana.
Tengo grabada esa imagen: todavía no había salido el sol, el frío calaba los huesos, pero la Avenida Avellaneda ya era un hervidero de gente. Lo más impresionante eran las filas infinitas de micros. Cientos de colectivos de doble piso que venían de todos los rincones del país: Córdoba, Jujuy, Salta, La Rioja... era un desfile ininterrumpido de provincias que venían a alimentar sus economías locales con lo que se fabricaba acá, era imposible desayunar, y atender a todo gas. En aquel momento, esa masa de micros estacionados era el motor de Argentina. Hoy, ver esas mismas cuadras vacías por las nuevas normativas se siente, cuanto menos, extraño.
La estocada final: La prohibición de los micros
La noticia que hoy sacude a los comerciantes es la prohibición total del estacionamiento de micros del interior.
Bajo una nueva política de "ordenamiento extremo" del tránsito, el gobierno porteño ha decidido erradicar los micros de las inmediaciones de Flores. Si bien el argumento es mejorar la circulación y la limpieza, el impacto económico es demoledor. Sin el micro cerca, el traspaso de mercadería se vuelve una odisea logística, me imagino las señoras con sus carritos caminando 20 cuadras solo para comenzar su odisea de compras.
Del "boom" de los manteros a las galerías vacías
El proceso de "limpieza" empezó hace tiempo. Primero fue la erradicación total de los manteros. En su momento, muchos dueños de locales lo celebraron: "Por fin se puede caminar", decían. Y era cierto, el barrio se volvió más prolijo. Pero con los manteros también se fue un flujo inmenso de clientes que generaba un ecosistema de ventas masivas.
Hoy, la normalización llegó a un punto que asusta. Entrás a las galerías que antes eran "minas de oro" y ves locales vacíos, persianas bajas y pasillos con poca luz, hasta galerias clausuradas. El orden llegó, pero parece que la vitalidad comercial se fue con el caos.
¿Temu y Shein son los verdaderos culpables?
Mucho se habla en los medios sobre cómo las aplicaciones chinas (Temu, Shein) están destruyendo el comercio local tras la apertura de importaciones. Sin embargo, desde mi perspectiva, esto es más un relato mediático que una realidad mayorista.
El público que viene a Avellaneda busca tres cosas que una app no te da:
El tacto: Necesitás tocar la tela, ver la costura y confirmar que el talle es real.
La inmediatez: El comerciante de barrio necesita stock para el lunes, no puede esperar 20 días a que un paquete pase por aduana.
La seguridad: Todos sabemos que en las apps baratas a veces comprás una campera y te llega una miniatura. En Avellaneda, te llevas el bulto cerrado en la mano.
Aunque estas apps se quedan con una parte del consumo minorista de "curiosidad", no son las que están vaciando las galerías. El problema es interno.
2026: El año de la incertidumbre
Estamos en un escenario económico particular en este arranque de año. Por un lado, el dólar está planchado y la inflación ha bajado considerablemente respecto a años anteriores. Pero para muchos, la plata sigue sin alcanzar. Los costos de los servicios, los alquileres de los locales y el transporte han subido tanto que los márgenes se achicaron al mínimo.
El polo textil de Flores está en riesgo. Y es preocupante porque la ropa no es un lujo, es una necesidad elemental: para ir a trabajar, para que los chicos vayan al colegio o para renovar lo básico.
Reflexión final:
Avellaneda siempre fue experta en sobrevivir. Pero esta vez, el desafío es doble: adaptarse a una economía de costos altos y a una ciudad que, en su afán de ser "ordenada" y "moderna", está asfixiando la logística del comercio más popular del país.
¿Vos qué opinas? ¿Crees que Flores puede sobrevivir sin esos cientos de micros que antes llenaban la avenida antes de que salga el sol?






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